Un mensaje Angélico todos los días
Hola, ¿cómo estás? No te asustes. No estás leyendo un mensaje de un extraño. De hecho, te conozco muy bien.
Soy tu ángel de la guarda. Sí, sí, tu ángel de la guarda, como lo oyes. ¿Que cómo conseguí tu correo electrónico? Es algo complejo de explicar, así que dejémoslo en que ésa es una de las ventajas de ser ángel. No todos pueden.
Quise enviarte esta nota por este medio porque tanto tú como yo estamos metidos en muchos líos y vamos tan a las carreras que, dudo que podamos hablar juntos un rato con calma, de nuestras cosas.
A lo mejor te sorprende si te escribo para felicitarte sin motivo aparente. No me equivoco si te confieso que, en este día tan especial, estoy contento gracias a ti. Todos los ángeles del cielo me han felicitado; bueno, todos nos hemos felicitado unos a otros porque hoy es el día de nuestra fiesta; pero a mí me han felicitado de manera especial por ser tu ángel de la guarda. Dios quiso crearme en el mismo instante en que pensó en ti y me siento muy orgulloso de haber recibido de Él la consigna grande y apasionante de cuidarte, protegerte y ayudarte a ser cada día más feliz. Desde el instante que conocí esta misión me puse a tus órdenes y trato de conseguirte todo aquello que necesitas para ser feliz; incluso me emociona pensar que debo luchar a brazo partido contra todos aquellos que te impiden ser mejor.
Me siento orgulloso de ti, porque sé que no es fácil lograr lo que traes en tu mente y en tu corazón: tus proyectos, tus ilusiones, tus ideales, tus dificultades, tus compromisos, tus incertidumbres, tus desánimos y fracasos, etc.; pero me admiro al comprobar que te esfuerzas por lograr lo que te propones.
Gracias por permitirme ser tu ángel de la guarda. Prometo no separarme de ti y demostrarte que existe alguien muy importante en tu vida que te quiere de verdad: Dios. Por eso te creó. A Él le estoy pidiendo en este día que te dé fortaleza y amor para vivir feliz toda la eternidad.

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